Entrevista a Mónica Bottero: “A las mujeres nos cuesta todavía admitir que queremos tener dinero”

Mónica Bottero

Mónica Bottero

(Entrevista realizada por Malena Rodríguez Guglielmone para el portal Doveclub.com.uy)

“A las mujeres todavía nos cuesta admitir que queremos tener dinero, que tenemos derecho a ser quienes lo manejan, o en todo caso compartidamente”, dice Mónica Bottero.

En su opinión, acceder al manejo de las finanzas es el gran desafío para dar un salto cualitativo en la condición femenina. Cuenta que, en el año 90, al escribir en el semanario Búsqueda una serie de informes sobre este tema, muchas cosas no se entendían en la sociedad. Los crímenes por violencia doméstica no eran contabilizados, se los consideraba crímenes pasionales. La gente prefería no meterse, lo veían como un problema de pareja. Afortunadamente, con el tiempo el drama que implica esta problemática comenzó a visualizarse y a tratarse, mientras otros asuntos vinculados al género lo hacen más tímidamente, como la inequidad laboral. 

Con más de tres décadas como periodista, Bottero ha ido reflexionando sobre estos temas; incluso ha escrito dos libros sobre mujeres, Madres al límite y Diosas y brujas, y participó en otras dos publicaciones colectivas, Mujeres uruguayas 1 y 2, con retratos de mujeres que la subyugaron.

En los últimos años ha dirigido la revista Galería donde uno de los mayores desafíos ha sido aprender a ser jefa. Como ella misma dice: “a las mujeres no nos enseñan a ejercer el poder”.

 Has escrito varios libros sobre mujeres. ¿Cuál fue la que más te inspiró, la que más recordás?

Cada libro fue diferente. En Mujeres uruguayas, hay una que recuerdo, más que nada por lo épico de su historia que es Yessie Macchi. Entre las mujeres del MLN fue la más importante, sin duda, en toda su historia. Tenía algo de leyenda por su belleza increíble, porque además tuvo una hija siendo prisionera. Unos meses después de salir de la cárcel esa mujer me contó toda su vida. Era muy conmovedor. Estaba destrozada físicamente y desde el punto de vista psíquico. Ahí también conocí muy cercanamente a Fanny Puyeski, una mujer que abrió la  brecha del estudio y la militancia de los temas de género. Lo pagó caro porque quedó con esa imagen de radical, medio loca. Siempre las mujeres que son pioneras en esos temas quedan un poco como la loca porque en se momento están adelantadas al discurso social. Desde Juana la reina de España hasta Lilith en la Biblia, siempre las que hacían lo diferente eran llamadas locas. Para mí Fanny fue un encuentro y un aprendizaje muy importante. Lo mismo Cristina Morán que era en ese momento “la” periodista de televisión. En el segundo libro, que eran mujeres latinoamericanas destacadas, la más importante —que creo que es lo mejor que he escrito, no creo que vaya a escribir nada parecido, porque es ese momento que uno tiene— es Violeta Chamorro. En ese entonces era presidenta de Nicaragua. Una mujer que no se podía pensar a sí misma, no se daba cuenta de la importancia histórica que tenía porque ella era una ama de casa, que llegó a la presidencia de la República con un estilo de ama de casa. Yo tuve que reconstruir toda su historia, no contada por ella, sino buscando elementos y cada vez me parecía más fascinante. A partir de ahí construí un relato de la historia de una señora católica que se casó con su novio de toda la vida, un luchador político y periodista, y a partir de su viudez surgió como un emblema de su país. El otro libro surgió como consecuencia de mi propia maternidad, cinco madres, todos casos muy intensos, no podría decir cuál me inspiró más.

Llevás más de tres décadas como periodista. ¿Cómo te ha forjado el carácter esta profesión?

Siento que crecí y aprendí del mundo a través de mi trabajo. A mí me daba curiosidad determinadas cosas que me obligaban a estudiar, a aprender. Fui formándome así, no tengo formación universitaria. Por el año en que empecé no había carrera. La única que existía era la de la UTU que no era una carrera universitaria y había que tener 18 años para entrar. Yo tenía 17. A los 18 ya me creía, equivocadamente, que sabía todo, que no tenía nada que aprender. En ese momento empecé Derecho pero al segundo año abandoné porque era una época fascinante para ser periodista política, en el año 83. Yo lo era y abandoné la carrera de Derecho como tantos periodistas. 70-80% lo aprendí de los periodistas que tenía al lado, y el resto por mí misma. ¡Te genera una avidez de lectura! La juventud te genera el compromiso de no mostrarte ignorante, había que prepararse, leer mucha historia, mucha filosofía. Y sobre todo por tener al lado gente impresionante. En Brecha trabajaba con Ernesto González Bermejo, que fue de los mejores periodistas que hubo acá. Después estaba Hugo Alfaro, Guillermo Chiflet, Eduardo Galeano, Mario Benedetti, Fernando Butazzoni. Tenía contacto con periodistas internacionales de primer nivel y los pude conocer. Y la llegada a Búsqueda fue fundamental porque estaba Danilo Arbilla que es el maestro de todos nosotros, donde se aprendía mucho de periodismo pero también un montón de cosas que tienen que ver desde cómo relacionarse con los políticos, ética periodística, cómo hacer una sección médica tratando de profesionalizar la función de un periodista de salud (algo que era poco tratado en Uruguay), hasta la creación de Galería.

¿Y cómo forjó todo eso tu carácter?

Yo ya venía con un carácter acostumbrado a lidiar con dificultades. Por algo decidí que quería ser periodista deportiva. En aquel momento era impensable que una mujer escribiera de fútbol. Evidentemente uno dice “bueno nena, no chilles, vas a ir solita a una redacción que está llena de hombres, todos mayores que vos”. Hombres que no les gustaba tener mujeres alrededor.

Ahí se afirmó tu feminismo, me imagino.

Yo no era nada feminista en los primeros años. Después uno empieza, cuando conocés a otras mujeres que te hacen ver una cantidad de cosas. Uno no siente la necesidad de mirar el género en carne propia hasta que tiene un status de vida

diferente, que es cuando te casás y ves quién se ocupa de la casa, quién tiene la cabeza en eso, quién se ocupa de los niños, quién se va quedando atrás en la carrera.

Hace años que dirigís Galería, cuyo staff está integrado mayoritariamente por mujeres. ¿Es diferente ser jefa de hombres que de mujeres?

Los hombres siempre traté de tratarlos con delicadeza porque sé que culturalmente tal vez no están muy preparados para tener una jefa. El aprendizaje de mujeres que están en cargos de poder es duro, entonces muchas mujeres para afirmarse han tenido que pasarse de autoritarias. Ese ha sido un aprendizaje para mí: ser jefa sin tener que estar hablando fuerte. Porque es una demostración de inseguridad pero uno a veces para afirmarse en el lugar donde está parece que tiene que ser como muy firme. Y eso es porque a las mujeres no nos preparan para ejercer el poder. Ahora quizá, de a poco. Estamos en un momento muy revolucionario de la mujer en el ámbito público. Para mí en Galería fue un cambio el hecho de ser la jefa máxima, más que el hecho de trabajar con mujeres. No me ha sido fácil y he tenido que aprender mucho. Uno tiene que cuidarse de enojarse. Si sos jefe y te enojás no es lo mismo que si no sos jefe. Sos más libre cuando no sos jefe.

¿Te parece? Si no sos jefe y te enojás te pueden echar.

Sí, pero al ser jefe como que tenés la responsabilidad de que muchas personas pueden quedar muy afectadas por tu enojo.

Tal vez lo decís porque sos bastante temperamental.

Por eso mismo, cometí muchos errores en ese aspecto. Porque mi carácter siempre lo tuve que forjar en el choque, tuve que aprender a replegarlo. También el ejercicio de paciencia con los hijos te ayuda a controlarte más y con los años creo que con la gente que trabaja en Galería es cada vez mejor.

¿Te da inseguridad no tener el control de todo?

Ahora no. Al principio sí, más que por el afán de control, por la responsabilidad que uno tiene. Yo me echo muchas bolsas al hombro, si siento que algo anduvo mal, yo soy la responsable.

Es muy femenino hacerse cargo de muchas cosas. El lugar de la mujer hoy, ¿cómo lo ves? ¿Cuál es el mayor desafío?

En el año 90 para Búsqueda hice una serie de informes sobre temas vinculados la condición de la mujer, un tema que no se tocaba por ningún lado, por lo menos en un medio del establishment como era Búsqueda. Hice un informe sobre violencia doméstica. El tema no se entendía a nivel social. Todavía decían que era un problema de la pareja, que no había que meterse. Criticaban a las mujeres que el tipo las golpeaba y ellas volvían con ellos. No se contabilizaban las muertes por violencia doméstica, ni si quiera se consideraba violencia doméstica, sino crímenes pasionales. No se visualizaba. Ni la policía, ni los jueces, ni los periodistas, ni la gente común. Hoy creo que sí, por más que el problema siga, visualizarlo hace que se trate de otra manera. Pienso que la independencia que hemos logrado las mujeres en varios sentidos también está generando violencia de sus parejas. Antes, creo yo, que muchas mujeres se callaban la boquita porque el marido era su sustento. Un caso típico fue el de Manos del Uruguay. Me contaban que muchas tejedoras, que eran esposas de hombres rurales, de campo, cuando empezaban a trabajar para Manos, empezaban a tener su propio dinero y lo primero que hacían era separarse. Capaz que estaban aguantando una situación. No porque fueran todos castigadores sino porque era una situación que no les satisfacía pero no tenían alternativa. Entonces, creo que está asociado a la violencia doméstica, las posibilidades de alcanzar lugares de jerarquía en el trabajo.

¿Cómo ves la desigualdad en el ámbito laboral?

Por algo las egresadas universitarias hace por lo menos diez años que son mayoría, en casi todas las facultades, y sin embargo los cargos jerárquicos en empresas privadas y públicas son excepciones las que son mujeres. ¿Qué está pasando? Muchas veces a nosotras nos cuesta vernos como postulantes a un cargo de jerarquía. Y en otros casos es porque estamos ocupándonos de demasiadas cosas y no podemos ocuparnos de los desafíos profesionales. Por eso yo creo que el último bastión es el acceso al manejo del dinero. Ese es el gran desafío para que demos un salto. A las mujeres todavía nos cuesta admitir que queremos tener dinero, que tenemos derecho a ser quienes lo manejan, o en todo caso compartidamente. En no estar en esa actitud de pedirle al papá, al marido. A pelear por el dinero. Sobre todo cuando te separás, cuando te vas de un trabajo. La codicia está mucho peor vista en una mujer que en un hombre. Es mucho más castigada.

¿Y cuál sería el camino para lograr la equidad?

Hay que dar una batalla cultural como se dio con el tema de la violencia doméstica para que se visualice.

El hecho de ser mujer en algunos casos también es delicado. ¿Qué opinás de las mujeres que usan el sexo para escalar posiciones en el trabajo?

Obviamente que es censurable siempre. A veces es difícil establecer si lo usaron o no usaron para eso. Yo no conozco muchos casos en Uruguay que hayan utilizado el sexo —para llamarlo así en forma simple— para ascender posiciones.

Llamémosle usar el encanto, el arma de seducción.

Ah, el arma. Es muy polémico lo que te voy a decir. Lo censuro tanto como que los hombres usen otros métodos como hacerse amigote, invitarlo a la casa, salir a tomar, drogarse, conseguirle una minita. Cada uno usa las armas que tiene, si el otro se siente seducido por eso, es problema de él.

Vayamos ahora a las preguntas de autoestima de Dove. ¿Cuál es el rasgo físico con el cual te reconciliaste?

Las mamas, después de dos operaciones.

El mejor aspecto de tu personalidad:

Me parece que soy generosa.

Algo en lo que tenés que mejorar:

La soberbia.

La última vez que fuiste audaz:

Cuando tuve el segundo hijo a los 40 años.

El próximo desafío:

Terminar mi carrera como escritora exclusiva. Es un sueño de muchos años.

 

Entrevista realizada por Malena Rodríguez Guglielmone para el portal Doveclub.com.uy

3 comentarios para “Entrevista a Mónica Bottero: “A las mujeres nos cuesta todavía admitir que queremos tener dinero””

  1. Ma

    Mónica Bottero es una mujer muy inteligente y además una gran persona.
    Me ayudó mucho cuando fui a contarle un problema muy serio.
    Los pederastas, pedófilos, es un tema que se tapa, no se discute y además no les creen a los niños.
    Es algo que me toca muy de cerca pero para contar la historia -creo que ella lo haría- precisamos que pase más tiempo. Hay que respetar la opinión de los agredidos, o cambiar tanto el espanto que ya sería una novela y no la verdad.

  2. Amaryllis

    Nunca había leído que se pregunte tan abiertamente por el arma de la seducción y el sexo en las organizaciones ó lugares de trabajo. Muy interesante. Yo por mi experiencia y en lo que veo en mujeres que han hecho carrera en organizaciones es que tiene que haber un hombre en la empresa que apoye a la mujer para que ascienda…

  3. Margarita

    Si,pero no en la empresa,sino el la casa..EL MARIDO!

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